
El silencio, la quietud de un campo nevado...es un instante precioso...un momento de honestidad contigo mismo.
Perdido en algún rincón de la memoria tengo un recuerdo difuso de un tiempo pasado en un paisaje nevado.
Los detalles son borrosos...quizá la luna está alta en el cielo, una luna llena y redonda, tan llena y redonda como la plenitud que yo siento. Aunque es hermosa y su luz saca destellos de plata a la nieve caída, a veces gruesos nubarrones amoratados la cubren por completo; entonces vuelve a nevar. Los copos caen en silencio, suavemente, sólo para volver a arremolinarse, bailando al son de las furiosas ráfagas de viento invernal. ¡¡¡La noche encantada!!!¡¡¡La nieve preciosa!!!¡¡¡La intensidad del amor que experimento!!!
No sé de qué punto del holograma procede esta memoria que afloró a mi mente de nuevo la navidad pasada y que, aunque no me ha abandonado en todo el año, ha vuelto a intensificarse en estas fechas. No tengo ni idea de qué es eso, no pretendo encontrar respuestas, sino exponer a la luz lo que ocurre en mi interior. Y a juzgar por la respuesta emocional que me produce...algo profundamente dichoso tuvo lugar allí, en la Casa del Invierno.